Visual rehabilitation in low vision.

Abstract

Una Unidad de Baja Visión y Rehabilitación Visual es un onjunto de profesionales de diferentes titulaciones con una ormación especializada que, manejando un equipamiento écnico específico, se encargan de la atención integral de acientes con deficiencias visuales muy severas con el fin e mejorar su vida cotidiana1,2. El paciente con baja visión acude a estas unidades ara someterse a un programa de rehabilitación visual con l fin de aprovechar los restos de visión y otras potenialidades que tenga para poder normalizar su vida en o posible, recuperar su autonomía y conseguir la plena ntegración3. En España hay en torno a 800.000 personas con baja visión, 124.000.000 en el mundo, pero se estima que en el 2020 habrá 00.000.000 de individuos. Esto equivale al 1-2% de los euroeos que se distribuyen en el 1% de los individuos < 75 años, l 5% de los que tienen entre 75-85 años y casi el 15% de los 85 años. Las causas más frecuentes de baja visión son la degeneraión macular, retinopatía diabética, miopía magna, glaucoma, etinosis pigmentaria y distrofias retinianas. Un programa de rehabilitación visual incluye los siguientes partados1–3: Diagnóstico de la función visual; que consiste en hacer un diagnóstico correcto de la afección visual del paciente. Prescripción de ayudas ópticas: su finalidad es mejorar la imagen de un objeto en la retina, bien ampliando el tamaño de este con instrumentos ópticos o mejorando su calidad de visión por medio de filtros. Para ampliar el tamaño podemos actuar sobre el propio objeto (eligiéndolo más grande, agrandándolo por medio de fotocopias o con herramientas informáticas), disminuyendo la distancia al objeto, ampliando el objeto mediante el uso de lupas, microscopios y telescopios. Para mejorar la calidad tenemos los filtros que aumentan el contraste, disminuyen la fotofobia y deslumbramiento, lo que también puede tener efecto protector sobre la retina. 1 Prescripción de ayudas no visuales: tenemos las que incrementan el tamaño y contraste (como rotuladores de punta gruesa, falsillas para firmar y escribir direcciones, manoplas de cocina, tablas de cortar, entre otras). Desarrollo de potencialidades: cuando se daña la visión central intentamos crear una nueva área de fijación preferencial; si se pierde la visión periférica que afecta a la percepción espacial, hay que enseñar a los pacientes de nuevo a desplazarse; si la pérdida es total hay que reeducar y optimizar otros sentidos. Un caso especial son los niños menores de tres años, que consiguen compensar su déficit y, como ni se les nota ni lo comunican, se retrasa la detección con la consiguiente demora en la educación especial en los momentos más importantes del desarrollo. Entrenamiento y readaptación al medio del paciente a su vida diaria. Reorientación personal: de nada sirve el entrenamiento con ayudas ópticas o de otros tipos en la Unidad de Baja Visión si luego no se practica y no se va aplicando a la realización de las tareas de la vida diaria. La lectura y escritura cambian, la alimentación es diferente, los desplazamientos varían y el resto de las actividades cotidianas se modifica. En España y en otros países hay Unidades de Baja Visión funcionando, pero no están vinculadas al Sistema Nacional de Salud, lo que implica que una gran cantidad de pacientes no estén correctamente atendidos; o incluso un gasto importante para los mismos debido a que muchos acuden a la sanidad privada1,2. Esto nos debería obligar a hacer una reflexión seria y profunda de lo que debemos modificar para una mejor atención a un colectivo elevado de nuestros pacientes.

DOI: 10.1016/j.oftal.2011.10.004

Cite this paper

@article{Ferreiro2013VisualRI, title={Visual rehabilitation in low vision.}, author={A V S{\'a}nchez Ferreiro and X Migu{\'e}ns V{\'a}zquez}, journal={Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología}, year={2013}, volume={88 3}, pages={123-4} }